Presentació

Baraka és una paraula d’origen àrab que significa alè vital, pura energia de vida, gràcia divina. Es diu que hi ha llocs amb una baraka especial. Entre ells, la música. La música és la bellesa l’allò més primordial que nia en nosaltres. En el batec del cor hi ha el ritme. En la respiració, la melodia. I en la relació amb tot allò que ens envolta, l’harmonia.

La música, com el perfum, és presència intangible. Entrar en ella és entrar en un espai preciós en què allò que és subtil pren cos, i on allò que és tangible esdevé subtil. Segons Mowlânâ Rûmî, la música, com el perfum, ens fa comprendre que vivim exiliats en aquest món, i alhora ens recorda allò que sabem i no obstant hem oblidat: el camí de retorn vers el nostre origen, vers casa nostra.

Habitar aquest espai preciós no pot fer-se només des de la raó. Aquest coneixement delicat i potent ha de ser degustat, encarnat, i per això Mowlânâ va ballar i va ballar, i va girar i girar i girar. D’aquest espai preciós de presència intangible és del què ens parlen els autors reunits en aquest blog. En un món com el que ens ha tocat viure, en què tantes velles estructures inservibles s’enfonsen, és responsabilitat de cadascú de nosaltres agafar-nos fort a aquells qui ens han indicat el camí, intentar comprendre´n els indicis, descobrir-ne les petjades ... i començar a girar.

Sigueu més que benvinguts a Baraka,

Lili Castella

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dimecres, 25 d’abril de 2012

Mawlânâ Rûmî y el rebâb

El rebâb en Mawlanâ Rûmî (I)

Leili Castella












"Varias son las sendas que conducen a Dios;
Yo he elegido la senda de la danza y de la música."  (Mawlânâ Rûmî)






Así se expresa Mawlânâ Rûmî, el gran poeta y místico persa del siglo XIII, inspirador de la escuela sufí "mevleví" de los derviches giróvagos, que hizo de la música (y la danza) una vía de conocimiento espiritual. Ya tendremos ocasión de volver sobre este extremo: digamos por ahora simplemente que para Mawlânâ, la música era una forma de oración. El rebâb, suerte de viola oriental, fue uno de sus instrumentos musicales predilectos, al que dedicó no pocos versos. Como muestra les trasladamos este bellísimo rubâ'î [1]:

Ruinas de amor somos hoy como siempre.
No abras la puerta de la mente, toma el rebâb,
que hay cien clases de oración y genuflexiones
para el que tenga el rostro del Amigo por mihrâb (*). [2]




[1] rubâ'î: se traduce habitualmente por cuarteta, aunque en realidad signifique literalmente "doble verso" y conste solamente de dos dísticos repartidos en cuatro hemistiquios. (Vid. nota 94 del estudio "Rûmî y la Mística de la Escucha" de Halil Bárcena.)
[2] Yalal ud-Din Rumi. Rubayat. Traducción de Clara Janés y Ahmad Taherí. Ediciones Unesco, 1966. Pág. 150.
(*) mihrâb: nicho de oración de una mezquita.

dilluns, 23 d’abril de 2012

El sonido de la ausencia

Una silla vacía

Leili Castella



Aún hoy existen en Istanbul personas que tuvieron la inmensa suerte de conocer a Aziz Çinar, o mejor dicho, a Aziz Baba, que es como le llamaban aquellos que vivieron bajo su baraka (palabra de origen árabe que significa fuerza divina, gracia, protección). Aziz Baba, shayj de la tariqa u orden sufí Arusia, tenía una personalidad carismática. Cuenta de él Kudsi Erguner [1] que "era un hombre impresionante; muy alto y con el cráneo casi rasurado, con una nariz enorme, unos espesos bigotes, y unos ojos negros y brillantes. Era muy apreciado y respetado por sus discípulos, que se desvivían para atender hasta el último de sus deseos. Humilde y modesto, tenía un gran sentido del humor, muy refinado."

Aziz Baba vivió de pleno las consecuencias de la promulgación, en 1925, por parte de la entonces recién creada República de Turquía, de una ley prohibiendo el sufismo, sus distintas manifestaciones, tanto públicas como privadas, y todos los focos en se ponía en práctica. Llegó un momento en que  Aziz Baba ya no pudo reunir a sus discípulos ni en su propia casa, por lo que no le quedó otro remedio que convocar los encuentros en un minúsculo café situado al lado de la mezquita  principal del barrio istanbulí de Üsküdar, regentado por uno de sus discípulos. Resultaba así que cada martes, el café se transformaba en un lugar de reunión para derviches, en que se practicaba el dhikr [2] y se escuchaban las palabras del entrañable Shayj.




Si por algo se distinguen los derviches es por su adab, es decir, por su forma de saber estar y de saber hacer, que se traduce en gestos de una sensibilidad exquisita. En un bellísimo ejemplo de ello, la silla en que se sentaba Aziz Baba cada martes, se dejaba vacía el resto de la semana. Cuenta Erguner que a los clientes habituales jamás se les habría ocurrido sentarse en ella. Y en el  caso de algún cliente ajeno a la situación, ya se encargaba el gerente de darle a entender que tal silla estaba reservada.

 La silla vacía se hacía así eco del dhikr, de las palabras y en definitiva de la presencia benéfica de aquel hombre sabio y bondadoso.

Huuuuuuuuuu.............


[1] Kudsi Erguner, La fuente de la separación. Oozebap, 2009. Pág. 51.
[2] Dhikr: recuerdo y remembranza de Dios; práctica sufí por excelencia. Definición recogida en Sufismo, de Halil Bárcena. Fragmenta Editorial, 2012.




diumenge, 15 d’abril de 2012

Sonidos

Un suave tintineo
 Leili Castella





Pocas cosas hay que nos hagan viajar hasta nuestros recuerdos como los sonidos. Ésta es precisamente la razón por la que, con esta entrada, abrimos una nueva sección de 'Baraka' que titulamos "Postales sonoras". Los sonidos que les sugerimos en esta ocasión son el suave tintineo de las cucharillas removiendo el azúcar de un delicioso té turco, y el de las almendras de un no menos delicioso postre mevleví crujiendo en nuestras bocas.

Quien estas líneas escribe tuvo ocasión de escucharlos en una reciente estancia en Istanbul, y más concretamente en el  Kanaat Lokantası, restaurante situado en el barrio istanbulí de Üsküdar. Nos guió hasta allí nuestra amiga Nesrin Can, de quien les traslado éstas impagables explicaciones: Kanaat, el nombre del restaurante, significa "aquél que se contenta con lo poco que tiene", y ello no es baladí, pues dícese que es un restaurante frecuentado por derviches, los cuales pueden estar comiendo en cualquier esquina discreta: nadie los reconoce excepto aquellos que los conocen... 


Dos son los postres que aparecen en la primera fotografía: uno es de calabaza (en turco se llama kabak tatlısı), y otro de sémola (en turco: irmik tatlısı). Este segundo es un típico postre mevleví. Como ven, encima de la sémola hay almendras, que, como sigue explicando Nesrin Can, son utilizadas muy frecuentemente en la cocina mevleví por su interesante simbolismo: por fuera tienen una cáscara dura que es necesario romper para acceder a la almendra y así poder degustar su dulce sabor...

Huuuuuuu......