Presentació

Baraka és una paraula d’origen àrab que significa alè vital, pura energia de vida, gràcia divina. Es diu que hi ha llocs amb una baraka especial. Entre ells, la música. La música és la bellesa l’allò més primordial que nia en nosaltres. En el batec del cor hi ha el ritme. En la respiració, la melodia. I en la relació amb tot allò que ens envolta, l’harmonia.

La música, com el perfum, és presència intangible. Entrar en ella és entrar en un espai preciós en què allò que és subtil pren cos, i on allò que és tangible esdevé subtil. Segons Mowlânâ Rûmî, la música, com el perfum, ens fa comprendre que vivim exiliats en aquest món, i alhora ens recorda allò que sabem i no obstant hem oblidat: el camí de retorn vers el nostre origen, vers casa nostra.

Habitar aquest espai preciós no pot fer-se només des de la raó. Aquest coneixement delicat i potent ha de ser degustat, encarnat, i per això Mowlânâ va ballar i va ballar, i va girar i girar i girar. D’aquest espai preciós de presència intangible és del què ens parlen els autors reunits en aquest blog. En un món com el que ens ha tocat viure, en què tantes velles estructures inservibles s’enfonsen, és responsabilitat de cadascú de nosaltres agafar-nos fort a aquells qui ens han indicat el camí, intentar comprendre´n els indicis, descobrir-ne les petjades ... i començar a girar.

Sigueu més que benvinguts a Baraka,

Lili Castella

.

.

diumenge, 24 de febrer de 2013

Las puertas del zûrhané


Las puertas del zûrhané

Leili Castella
 
 

“El término compuesto persa zûrjâné, cuyo significado literal es 'casa de fuerza', designa al gimnasio tradicional persa, una de las instituciones más antiguas y singulares del pueblo iranio, que data del período anterior al islam. El zûrjâné acogía, y acoge aún, a los adeptos de las llamadas artes del pahlivân, suerte de caballero espiritual que sintetiza en sí mismo la lucha interior espiritual con el combate exterior en contra de la injusticia y a favor de los más desvalidos. Así pues, el así llamado zûrhâné constituye una suerte de arte marcial persa, llamémoslo así, cuyo espíritu se halla fuertemente impregnado de valores morales y espirituales tanto shiíes como sufíes.” Así se refería Halil Bárcena, en un reciente artículo [1], a estos lugares singulares y a los gimnastas que a ellos concurren.

Ningún gesto que se realiza en un zûrjané es gratuito o baladí. Por el contrario, el más mínimo ademán que realiza un pahlivân refleja su vivencia de la dimensión sagrada de la existencia. Parafraseando a Juan Goytisolo, cabría decir que cada uno de los gestos del caballero espiritual es expresión de experiencias y formas espirituales profundas. Ni el entrar por la puerta del zûrjané es ajeno a esta gestualidad espiritualizada: en efecto,  a causa de su origen clandestino de centros de oposición espiritual al poder imperante, los antiguos zûrhanés solían agazaparse en callejuelas discretas o en el laberinto de los bazares, a cubierto de la mirada del público. Exteriormente sólo se diferenciaban de los edificios contiguos por el tamaño reducido de unas puertas de entrada que obligaban a quienes las atravesaban a inclinarse, en signo de humildad y respeto al lugar [2].

 
 
 
Pero aún hay otro gesto bien significativo que el pahlivân  realiza al traspasar otra puerta, esta vez simbólica, que le conduce a otro espacio aún más sutil, en el que cuerpo y espíritu se hacen uno. Como relata el mismo Goytisolo, al bajar al foso circular u octogonal del zûrhané en el que los atletas realizan sus sesiones rituales o de entrenamiento, los gimnastas besan las yemas de los dedos de su mano derecha y rozan con ellas el suelo, en gesto de humilde reconocimiento del espacio sagrado en el que entran, y como recordatorio de la naturaleza del ser humano y de la precariedad de su gloria y su riqueza [3]. Y es que el caballero espiritual, es conocedor de que no hay fuerza verídica sin delicadeza, humildad, compasión y humanidad.
 
 [1] Halil Bárcena. 'Zûrjâné', el arte del pahlivân. En http://instituto-sufi.blogspot.com.es/. Ver también el apartado Zûrjané del mismo blog.

 [2] y [3] Juan Goytisolo. De la Ceca a La Meca. Alfaguara. Págs. 49 y ss.