Presentació

Baraka és una paraula d’origen àrab que significa alè vital, pura energia de vida, gràcia divina. Es diu que hi ha llocs amb una baraka especial. Entre ells, la música. La música és la bellesa l’allò més primordial que nia en nosaltres. En el batec del cor hi ha el ritme. En la respiració, la melodia. I en la relació amb tot allò que ens envolta, l’harmonia.

La música, com el perfum, és presència intangible. Entrar en ella és entrar en un espai preciós en què allò que és subtil pren cos, i on allò que és tangible esdevé subtil. Segons Mowlânâ Rûmî, la música, com el perfum, ens fa comprendre que vivim exiliats en aquest món, i alhora ens recorda allò que sabem i no obstant hem oblidat: el camí de retorn vers el nostre origen, vers casa nostra.

Habitar aquest espai preciós no pot fer-se només des de la raó. Aquest coneixement delicat i potent ha de ser degustat, encarnat, i per això Mowlânâ va ballar i va ballar, i va girar i girar i girar. D’aquest espai preciós de presència intangible és del què ens parlen els autors reunits en aquest blog. En un món com el que ens ha tocat viure, en què tantes velles estructures inservibles s’enfonsen, és responsabilitat de cadascú de nosaltres agafar-nos fort a aquells qui ens han indicat el camí, intentar comprendre´n els indicis, descobrir-ne les petjades ... i començar a girar.

Sigueu més que benvinguts a Baraka,

Lili Castella

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divendres, 23 de juny de 2017

Laylat al-Qadr 1438

Laylat al-Qadr

Nit del Poder, Nit del Destí

27 Ramadân 1438



Imatge relacionada



Con el nombre de Allah, el Rahmân, el Rahîm
1. Lo hemos revelado la Noche del Destino.
2. ¿Qué te hará saber lo que es la Noche del Destino?
3. La Noche del Destino es mejor que mil meses.
4. Descienden los Malâika y el Rûh en ella, con el permiso de su Señor, para todo asunto.
5. Ella es paz hasta que despunta el alba.

Corán, 97



“Esta azora habla de una noche (laylat) formidable, aquella en la que el cielo y la tierra se comunicaron, y en su centro apareció el Corán. Se trata de la noche en la que el Libro comenzó a ser depositado en el corazón de Muhammad (s.a.s) y que iría brotando a lo largo de veintitrés años, acompañando su vida y la de la primera Comunidad musulmana. Eso ocurrió la Noche del Qadr, una Noche extraordinariamente valiosa en la que se dejaron vislumbrar la Fuerza y el Poder de Allah presentes en todo y rigiendo cada realidad. El término Qadr destaca esos dos valores: mérito y destino.

La Revelación (Wahy) –o Descenso del Corán (Nuzûl al-Qur’ân)- no fue un hecho intrascendente. Esa noche tuvo que ser necesariamente muy especial, y en ella se produjo un acontecimiento único cuya importancia tiene dos razones. La primera, el hecho en sí de la Revelación: el roce en un instante concreto del Universo de Allah y el universo del ser humano. La segunda, sus repercusiones históricas. Es la primera de estas circunstancias la que destaca este breve capítulo del Corán. […]

Los distintos pasajes coránicos que se refieren a ese acontecimiento [la Revelación] parecen siempre relámpagos: vibran y destellan. Es más, comunican luz. La Noche del Destino (Laylat al-Qadr) es el momento valioso en que descienden los Malâika, los Seres de Luz, y hablan al corazón del Hombre. En especial, desciende el Espíritu, el Rûh, que nos recuerda el momento en que el ser humano fue creado y Allah sopló en él. Es una noche en la que se añade vida a la vida porque algo esencial es desvelado, y con esa revelación cambian muchas cosas. Esa noches es irrepresentable: “¿Qué podría hacerte comprender lo que es “la Noche del Destino”?...”. […]

Imatge relacionada

La Noche del Destino tuvo lugar en Ramadân, el noveno mes lunar. Durante ese mes, el Profeta (s.a.s) se retiraba a practicar el ayuno y la contemplación en Hirâ, una pequeña gruta en las inmediaciones de Meca. Ahí tuvo lugar ese acontecimiento formidable e inesperado. Según varios hadices, ocurrió la noche vigésimo séptima del mes de Ramadân. Otros relatos son más vagos, y hablan de cualquiera de las noches de ese mes, prevaleciendo el que la Revelación se concentraría en el corazón de Muhammad en alguna de las diez últimas noches del mes del ayuno. […]

El Corán la llama a esta noche la Noche del Destino (Laylat al-Qadr). Es la Noche del Qadr, que significa mérito, valor, rango elevado, y también significa predeterminación y  destino de las cosas, el decreto con el que Allah mide y gobierna las realidades y las conduce de modo inexorable. La palabra Qadr (medida exacta) sugiere las nociones de Fuerza y Poder (Qudra). El Qadr sugiere también la noción de Destino (Qadar), que es el Decreto Trascendente y la Energía que rigen las cosas y los acontecimientos, la que los hace ser y los estructura. Es la Presencia de la Vida, el Poder, la Ciencia y la Voluntad de Allah en cada instante y es la Decisión  y el Decreto de Allah en todo lo que existe. El Qadr es el Imperio de Allah en cada criatura, un Dominio de la Verdad sin el que la criatura no podría ser. Esa Noche fue aquella en la que el Qadr se le evidenció a Muhammad (s.a.s.) vaciándolo de fantasías, ilusiones, suposiciones y quimeras y mostrándole la Autenticidad que rige la existencia. En ese instante le fue revelado el Corán a su corazón. […]

Esa noche iluminada desemboca en un amanecer: el día que la sigue es un nuevo mundo lleno de paz, es decir, a salvo de las contradicciones y conflictos propios de la disgregación de nuestra realidad. De esa noche surgió el Islâm, la inmersión en el  Salâm, la Paz y la reconciliación con la Verdad Una. El mundo disperso y roto quedó atrás. Al Qur’ân –Reunión, Síntesis- se le llama también Furqân –Separación, Discriminación- porque con él se ha distinguido claramente entre ese universo decadente y el Universo Unitario de Allah. Lo que lo reunificó todo hizo simultáneamente que los musulmanes se despidieran del enemigo que separa y aísla al hombre y lo hace insignificante: el “mal”, la “avidez”, la “tribulación”, la “miseria” y los “dioses”. El Corán reúne y separa, lo junta todo en el corazón del mû’min, de aquél que se ha abierto a Allah,  y saca de él lo que sobra, lo que no es compaginable con esa Paz.”

Abderramán Mohamed Maanán, Tafsîr