Presentación

La música es la belleza de lo más primordial que anida en nosotros. En el latir del corazón se halla el ritmo. En la respiración, la melodía. Y en la relación con cuanto nos rodea, la armonía.

Baraka es una palabra de origen árabe que significa aliento vital, energía de Vida, Gracia divina, y se refiere pues a lo más genuino que hay en nosotros, a lo más "original", y ésta es la razón por la que hemos denominado así a nuestro blog.

Cultivar la música en cualquiera de sus facetas (el estudio, la audición, la práctica o la reflexión) es un gran placer, que en absoluto está reñido con el cultivo de toda una serie de cualidades, como la paciencia, la memoria, la generosidad, la humildad, la fuerza, etc., quizás no muy en boga actualmente, pero sin las cuales no existe el músico verdadero, ni, en definitiva, el ser humano verdadero.

Y por último, decir que 'Baraka' no existiría de no haber entrado en contacto con el Institut d'Estudis Sufís de Barcelona, y a través de él, con la obra y el legado de exquisita sabiduría del poeta y místico persa Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (1207-1273), el cual hizo de la música una vía privilegiada de conocimiento interior. Nuestro agradecimiento de corazón.

Sean pues muy bienvenidos a nuestro blog, en el que esperamos encuentren contenidos que puedan ser de su interés. Ésta al menos ha sido nuestra intención al compartirlos con ustedes.

Leili Castella
'Baraka, música con alma'

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divendres, 23 d’agost de 2013

Sohrab Sepehrí: los oídos de la tierra



Más allá de los mares
 
 
 

Construiré una barca,
la lanzaré al agua.
Me alejaré de esta tierra extraña
en la que nadie despierta a los héroes
en la arboleda del amor.
 
Con una barca sin red
y el corazón sin desear la perla
seguiré navegando.
No ataré mi corazón a los azules
ni al mar ni a las sirenas que asoman fuera del agua
y esparcen el hechizo de la punta de sus cabellos
en la luminosa soledad de los pescadores.

Seguiré navegando.
Seguiré cantando:
“Lejos hay que ir, lejos.
El hombre de aquella ciudad no tenía mitos.
La mujer de aquella ciudad no tenía la plenitud de un racimo de uva.
Ningún espejo de ningún salón repetía la alegría.
Ningún charco de agua reflejaba una antorcha.

Lejos hay que ir, lejos.
Cantó su himno la noche.
Ahora les toca a las ventanas”.
Seguiré cantando.
Seguiré navegando.

Más allá de los mares hay una ciudad
cuyas ventanas están abiertas a la aparición.
Los tejados son el lugar de las palomas que contemplan las
fuentes de la inteligencia humana.
En esta ciudad, la mano de todo niño de diez años es una rama de conocimiento.

La gente de la ciudad mira al muro como a una llama y a un sueño suave.
La tierra oye la música de tus sensaciones
y en el viento se oye el sonido de las aves mitológicas.
 
Más allá de los mares hay una ciudad
Donde la extensión del sol iguala a la de los ojos de los madrugadores.
Los poetas son herederos del agua y de la sabiduría y de la claridad.

 ¡Más allá del mar hay una ciudad!
Hay que construir una barca.

 
Sohrab Sepehrí, Espacio verde. Todo nada todo mirada. Ediciones de oriente y del mediterráneo. Madrid, 2010. Pág. 57-59.