Presentación

La música es la belleza de lo más primordial que anida en nosotros. En el latir del corazón se halla el ritmo. En la respiración, la melodía. Y en la relación con cuanto nos rodea, la armonía.

Baraka es una palabra de origen árabe que significa aliento vital, energía de Vida, gracia divina, y se refiere pues a lo más genuino que hay en nosotros, a lo más "original", y ésta es la razón por la que hemos denominado así a nuestro blog.

Cultivar la música en cualquiera de sus facetas (el estudio, la audición, la práctica o la reflexión) es un gran placer, que en absoluto está reñido con el cultivo de toda una serie de cualidades, como la paciencia, la memoria, la generosidad, la humildad, la fuerza, etc., quizás no muy en boga actualmente, pero sin las cuales no existe el músico verdadero, ni, en definitiva, el ser humano verdadero.

Y por último, decir que 'Baraka' no existiría de no haber entrado en contacto con el Institut d'Estudis Sufís de Barcelona, y a través de él, con la obra y el legado de exquisita sabiduría del poeta y místico persa Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (1207-1273), el cual hizo de la música una vía privilegiada de conocimiento interior. Nuestro agradecimiento de corazón.

Sean pues muy bienvenidos a nuestro blog, en el que esperamos encuentren contenidos que puedan ser de su interés. Ésta al menos ha sido nuestra intención al compartirlos con ustedes.

Leili Castella
'Baraka, música con alma'

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divendres, 23 de juny de 2017

Laylat al-Qadr 1438

Laylat al-Qadr

Nit del Poder, Nit del Destí

27 Ramadân 1438



Imatge relacionada



Con el nombre de Allah, el Rahmân, el Rahîm
1. Lo hemos revelado la Noche del Destino.
2. ¿Qué te hará saber lo que es la Noche del Destino?
3. La Noche del Destino es mejor que mil meses.
4. Descienden los Malâika y el Rûh en ella, con el permiso de su Señor, para todo asunto.
5. Ella es paz hasta que despunta el alba.

Corán, 97



“Esta azora habla de una noche (laylat) formidable, aquella en la que el cielo y la tierra se comunicaron, y en su centro apareció el Corán. Se trata de la noche en la que el Libro comenzó a ser depositado en el corazón de Muhammad (s.a.s) y que iría brotando a lo largo de veintitrés años, acompañando su vida y la de la primera Comunidad musulmana. Eso ocurrió la Noche del Qadr, una Noche extraordinariamente valiosa en la que se dejaron vislumbrar la Fuerza y el Poder de Allah presentes en todo y rigiendo cada realidad. El término Qadr destaca esos dos valores: mérito y destino.

La Revelación (Wahy) –o Descenso del Corán (Nuzûl al-Qur’ân)- no fue un hecho intrascendente. Esa noche tuvo que ser necesariamente muy especial, y en ella se produjo un acontecimiento único cuya importancia tiene dos razones. La primera, el hecho en sí de la Revelación: el roce en un instante concreto del Universo de Allah y el universo del ser humano. La segunda, sus repercusiones históricas. Es la primera de estas circunstancias la que destaca este breve capítulo del Corán. […]

Los distintos pasajes coránicos que se refieren a ese acontecimiento [la Revelación] parecen siempre relámpagos: vibran y destellan. Es más, comunican luz. La Noche del Destino (Laylat al-Qadr) es el momento valioso en que descienden los Malâika, los Seres de Luz, y hablan al corazón del Hombre. En especial, desciende el Espíritu, el Rûh, que nos recuerda el momento en que el ser humano fue creado y Allah sopló en él. Es una noche en la que se añade vida a la vida porque algo esencial es desvelado, y con esa revelación cambian muchas cosas. Esa noches es irrepresentable: “¿Qué podría hacerte comprender lo que es “la Noche del Destino”?...”. […]

Imatge relacionada

La Noche del Destino tuvo lugar en Ramadân, el noveno mes lunar. Durante ese mes, el Profeta (s.a.s) se retiraba a practicar el ayuno y la contemplación en Hirâ, una pequeña gruta en las inmediaciones de Meca. Ahí tuvo lugar ese acontecimiento formidable e inesperado. Según varios hadices, ocurrió la noche vigésimo séptima del mes de Ramadân. Otros relatos son más vagos, y hablan de cualquiera de las noches de ese mes, prevaleciendo el que la Revelación se concentraría en el corazón de Muhammad en alguna de las diez últimas noches del mes del ayuno. […]

El Corán la llama a esta noche la Noche del Destino (Laylat al-Qadr). Es la Noche del Qadr, que significa mérito, valor, rango elevado, y también significa predeterminación y  destino de las cosas, el decreto con el que Allah mide y gobierna las realidades y las conduce de modo inexorable. La palabra Qadr (medida exacta) sugiere las nociones de Fuerza y Poder (Qudra). El Qadr sugiere también la noción de Destino (Qadar), que es el Decreto Trascendente y la Energía que rigen las cosas y los acontecimientos, la que los hace ser y los estructura. Es la Presencia de la Vida, el Poder, la Ciencia y la Voluntad de Allah en cada instante y es la Decisión  y el Decreto de Allah en todo lo que existe. El Qadr es el Imperio de Allah en cada criatura, un Dominio de la Verdad sin el que la criatura no podría ser. Esa Noche fue aquella en la que el Qadr se le evidenció a Muhammad (s.a.s.) vaciándolo de fantasías, ilusiones, suposiciones y quimeras y mostrándole la Autenticidad que rige la existencia. En ese instante le fue revelado el Corán a su corazón. […]

Esa noche iluminada desemboca en un amanecer: el día que la sigue es un nuevo mundo lleno de paz, es decir, a salvo de las contradicciones y conflictos propios de la disgregación de nuestra realidad. De esa noche surgió el Islâm, la inmersión en el  Salâm, la Paz y la reconciliación con la Verdad Una. El mundo disperso y roto quedó atrás. Al Qur’ân –Reunión, Síntesis- se le llama también Furqân –Separación, Discriminación- porque con él se ha distinguido claramente entre ese universo decadente y el Universo Unitario de Allah. Lo que lo reunificó todo hizo simultáneamente que los musulmanes se despidieran del enemigo que separa y aísla al hombre y lo hace insignificante: el “mal”, la “avidez”, la “tribulación”, la “miseria” y los “dioses”. El Corán reúne y separa, lo junta todo en el corazón del mû’min, de aquél que se ha abierto a Allah,  y saca de él lo que sobra, lo que no es compaginable con esa Paz.”

Abderramán Mohamed Maanán, Tafsîr