Presentación

La música es la belleza de lo más primordial que anida en nosotros. En el latir del corazón se halla el ritmo. En la respiración, la melodía. Y en la relación con cuanto nos rodea, la armonía.

Baraka es una palabra de origen árabe que significa aliento vital, energía de Vida, gracia divina, y se refiere pues a lo más genuino que hay en nosotros, a lo más "original", y ésta es la razón por la que hemos denominado así a nuestro blog.

Cultivar la música en cualquiera de sus facetas (el estudio, la audición, la práctica o la reflexión) es un gran placer, que en absoluto está reñido con el cultivo de toda una serie de cualidades, como la paciencia, la memoria, la generosidad, la humildad, la fuerza, etc., quizás no muy en boga actualmente, pero sin las cuales no existe el músico verdadero, ni, en definitiva, el ser humano verdadero.

Y por último, decir que 'Baraka' no existiría de no haber entrado en contacto con el Institut d'Estudis Sufís de Barcelona, y a través de él, con la obra y el legado de exquisita sabiduría del poeta y místico persa Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî (1207-1273), el cual hizo de la música una vía privilegiada de conocimiento interior. Nuestro agradecimiento de corazón.

Sean pues muy bienvenidos a nuestro blog, en el que esperamos encuentren contenidos que puedan ser de su interés. Ésta al menos ha sido nuestra intención al compartirlos con ustedes.

Leili Castella
'Baraka, música con alma'

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dilluns, 23 d’abril de 2012

El sonido de la ausencia

Una silla vacía

Leili Castella



Aún hoy existen en Istanbul personas que tuvieron la inmensa suerte de conocer a Aziz Çinar, o mejor dicho, a Aziz Baba, que es como le llamaban aquellos que vivieron bajo su baraka (palabra de origen árabe que significa fuerza divina, gracia, protección). Aziz Baba, shayj de la tariqa u orden sufí Arusia, tenía una personalidad carismática. Cuenta de él Kudsi Erguner [1] que "era un hombre impresionante; muy alto y con el cráneo casi rasurado, con una nariz enorme, unos espesos bigotes, y unos ojos negros y brillantes. Era muy apreciado y respetado por sus discípulos, que se desvivían para atender hasta el último de sus deseos. Humilde y modesto, tenía un gran sentido del humor, muy refinado."

Aziz Baba vivió de pleno las consecuencias de la promulgación, en 1925, por parte de la entonces recién creada República de Turquía, de una ley prohibiendo el sufismo, sus distintas manifestaciones, tanto públicas como privadas, y todos los focos en se ponía en práctica. Llegó un momento en que  Aziz Baba ya no pudo reunir a sus discípulos ni en su propia casa, por lo que no le quedó otro remedio que convocar los encuentros en un minúsculo café situado al lado de la mezquita  principal del barrio istanbulí de Üsküdar, regentado por uno de sus discípulos. Resultaba así que cada martes, el café se transformaba en un lugar de reunión para derviches, en que se practicaba el dhikr [2] y se escuchaban las palabras del entrañable Shayj.




Si por algo se distinguen los derviches es por su adab, es decir, por su forma de saber estar y de saber hacer, que se traduce en gestos de una sensibilidad exquisita. En un bellísimo ejemplo de ello, la silla en que se sentaba Aziz Baba cada martes, se dejaba vacía el resto de la semana. Cuenta Erguner que a los clientes habituales jamás se les habría ocurrido sentarse en ella. Y en el  caso de algún cliente ajeno a la situación, ya se encargaba el gerente de darle a entender que tal silla estaba reservada.

 La silla vacía se hacía así eco del dhikr, de las palabras y en definitiva de la presencia benéfica de aquel hombre sabio y bondadoso.

Huuuuuuuuuu.............


[1] Kudsi Erguner, La fuente de la separación. Oozebap, 2009. Pág. 51.
[2] Dhikr: recuerdo y remembranza de Dios; práctica sufí por excelencia. Definición recogida en Sufismo, de Halil Bárcena. Fragmenta Editorial, 2012.