Presentació

Baraka és una paraula d’origen àrab que significa alè vital, pura energia de vida, gràcia divina. Es diu que hi ha llocs amb una baraka especial. Entre ells, la música. La música és la bellesa l’allò més primordial que nia en nosaltres. En el batec del cor hi ha el ritme. En la respiració, la melodia. I en la relació amb tot allò que ens envolta, l’harmonia.

La música, com el perfum, és presència intangible. Entrar en ella és entrar en un espai preciós en què allò que és subtil pren cos, i on allò que és tangible esdevé subtil. Segons Mowlânâ Rûmî, la música, com el perfum, ens fa comprendre que vivim exiliats en aquest món, i alhora ens recorda allò que sabem i no obstant hem oblidat: el camí de retorn vers el nostre origen, vers casa nostra.

Habitar aquest espai preciós no pot fer-se només des de la raó. Aquest coneixement delicat i potent ha de ser degustat, encarnat, i per això Mowlânâ va ballar i va ballar, i va girar i girar i girar. D’aquest espai preciós de presència intangible és del què ens parlen els autors reunits en aquest blog. En un món com el que ens ha tocat viure, en què tantes velles estructures inservibles s’enfonsen, és responsabilitat de cadascú de nosaltres agafar-nos fort a aquells qui ens han indicat el camí, intentar comprendre´n els indicis, descobrir-ne les petjades ... i començar a girar.

Sigueu més que benvinguts a Baraka,

Lili Castella

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diumenge, 13 de gener de 2013

el kanga

El lenguaje del kanga

Leili Castella

 

Dice el Corán: “entre Sus portentos está… la diversidad de vuestras lenguas y colores” (Corán 30:22), siendo pues, la diversidad de Sus signos, expresión de la capacidad creadora de Al·lâh. Muchos son los tipos de lenguas y lenguajes que existen: algunos son orales, otros escritos, y otros visuales, aunque no por ello menos “sonoros” o claros: sólo hace falta conocer sus claves.

Uno de estos lenguajes “sonoros” y visuales lo hallamos en los kangas, coloridas y versátiles piezas de algodón que siempre se venden por pares, y  con las que se visten muchas mujeres en África. Como veremos, para la cultura swahili, los kangas son mucho más que un simple tejido. Su nombre proviene de un ave de guinea llamada precisamente kanga en lengua swahili, y que, al inicio, era el principal motivo decorativo de estas piezas de tela; posteriormente se introdujeron en ellas bellos motivos geométricos, florales, etc.

Un kanga mide aproximadamente un metro y medio de largo por uno de ancho. Se distingue en él una parte central (mji en swahili) adornada con motivos en colores vivos, y un borde (pindo) que recorre los cuatro costados y presenta motivos diferentes, si bien el conjunto mantiene una hermosa armonía por sus colores o motivos. Los kangas tienen muchas aplicaciones: se usan para vestir, pero también como pañuelo para la cabeza o como turbante, así como porta-bebé en la espalda. El caso es que acompañan a la mujer swahili durante toda su vida.
 

Además de sus usos prácticos, estas preciosas piezas de algodón tiene también múltiples funciones sociales y culturales. Así, cuando una pareja se casa, el hombre debe enviar a su futura esposa un hatillo hecho con un kanga lleno de ropa, utensilios e incluso joyas. Aunque lo que mostrará siempre con más orgullo la novia, será la cantidad de kangas que le regale su prometido. A lo largo de su vida en común, el hombre obsequiará kangas a la mujer para demostrarle su amor, y sería imperdonable que no le regalara uno al dar a luz, puesto que a un recién nacido siempre debe ser envuelto con un kanga acabado de cortar y que nadie haya utilizado: los viejos kangas se utilizarán como pañales.

En las bodas, las mujeres de ambas partes se ponen de acuerdo en el estampado que lucirán, como símbolo del acuerdo entre las dos familias. Las novias suelen llevar  un diseño de cruces y rosas en blanco, que significa la semilla masculina que van a recibir, rojo, que simboliza su virginidad, y negro, que presagia el dolor de la pérdida de su virginidad.

Toda mujer debe tener como mínimo tres kangas: uno para el dormitorio, otro para sus labores y otro para la oración.

En Zanzíbar las mujeres, cuando están en casa, atan una pieza bajo las axilas y la otra a la cintura. Si un hombre desconocido entra en casa, la segunda capa se levanta sobre la cabeza para ocultarla a ojos extraños.


El kanga es también vehículo de expresión entre  marido y  mujer: los colores rojo y negro indican que la mujer tiene la menstruación, el blanco que la ha terminado, y los colores brillantes, impregnados de perfume de jazmín y agua de rosas, que ella desea atraerlo. En caso de divorcio, la pareja intercambia un kanga que simboliza en fin de la unión.

Las viudas, durante el funeral, se tapan hasta las manos con el kanga y sólo muestran su cara. Y después de dar a luz, las mujeres se lo atan fuertemente alrededor del abdomen durante cuarenta días para ayudar a que el útero vuelva a su tamaño natural.

Cuando una persona musulmana muere, se le cubre de kangas mientras se la lava, y las andas en las que se le transporta van también cubiertas con un kanga.

Pero los kanga tienen aún otra una curiosa particularidad, y es que cada uno de ellos lleva impreso  en uno de sus márgenes un lema o consigna (jina). Dichos lemas o consignas pueden ser un sabio consejo o un proverbio inspirador o edificante, como por ejemplo “sina neno ila amr i ya mungu” (no expreso una palabra sino por deseo de Dios). En los últimos años se han visto incluso impresos lemas de contenido social o político.

 

En algunas ocasiones, las mujeres los usan también para lanzar mensajes no hablados, evitando así agrias discusiones cara a cara. Así, el kanga puede hacer conocer a las demás mujeres de la comunidad que una de ellas se acuesta con su marido, o jactarse, quien lo viste, de sus propias habilidades amatorias.

Todo un mundo pues de belleza, feminidad y sutileza... Y quizás, para acabar, un consejo: si se decide adquirir un kanga, quizá no estará de más ser conocedor del mensaje que contiene…